Imagen: Antiqva
Desde las inmediaciones del Parador Nacional de la Arruzafa, en el barrio de El Brillante, en un paseo de una hora, una persona puede arribar a las ermitas de la Sierra, desde cuyos miradores existen magníficas perspectivas del valle del Guadalquivir y de la cercana ciudad.
Algún día alguien descubrirá, al fin, que ese camino, y tantos otros similares que conducen a la Sierra, deberían ser puestos “en valor” para que los cordobeses y los turistas amantes de la naturaleza puedan disfrutar de esa ventaja comparativa que tiene Córdoba.
Tenemos el privilegio de poder alcanzar, caminando, en poco tiempo, lugares como las Ermitas, Medina Azahara o tantos otros rincones de la Sierra, pero ese privilegio es irreal ya que en la práctica es difícil ejercerlo por el estado de abandono de los caminos.
Con frecuencia, las autoridades se quejan de que los turistas no suelen pasar en Córdoba más de un solo día… Mientras tanto, por ejemplo, los restos de los acueductos romanos o califales que cruzan la Sierra, siguen abandonados a su suerte. Nadie se ocupa hoy de cuidar los magníficos puentes romanos o medievales que siguen salvando los ríos de la Sierra porque esos puentes ya no conducen a ningún sitio. Están condenados al olvido. Alguien podría decir que los hombres hemos olvidado que quienes nos precedieron construyeron hace cientos o miles de años infraestructuras que permitían, nuevamente a modo de ejemplo, que las aguas que fluían en la Sierra terminaran llegando a la fuente del Patio de los Naranjos de la Mezquita.